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AppleCare. Mi experiencia.

 

Hablo desde la experiencia y conocimiento de la materia. Soy usuario de iPhone desde que salió en España el junio de 2007, y “desgraciadamente” he tenido que recurrir varias veces al servicio postventa de la casa de la manzana. Aclarar que soy una persona altamente exigente, por lo que cuando pago un dineral por un producto, este debe estar en perfecto estado.

 

Para empezar, debemos tener claros los principales conceptos de las garantías que ofrece Apple en España. Disfrutaremos de un año de garantía en todos los productos que le compremos a Apple, y esta sólo nos ofrecerá 90 días de coberturas para solventar posibles dudas sobre el producto adquirido. Si nos hacemos con el Apple Care Protection Plan, aumentaremos estas dos condiciones hasta dos años totales desde la adquisición del producto

 

Caso iPhone 3GS

 

Sigamos con mi experiencia. Con el iPhone 3GS tuve mi primer problema al ver tres píxels quemados en la pantalla. Dudé durante varias semanas en lo que debía hacer ya que no tenía contratado el Apple Care Protectio Plan, hasta que me decidí llamar a Apple para escuchar sus soluciones (el producto aún estaba en garantía). La llamada me dejó asombrado. Una atención que no había recibido en la vida, un trato sublime rozando la perfección que invitaba a enamorarse un poco más de Apple. Me ofrecieron el cambio del teléfono sin coste alguno que al día siguiente vinieron a recoger (UPS) y al cabo de 6/7 días me entregaron el de reemplazo. El iPhone “nuevo” venía en una caja muy fina y de color negro, con la justa capacidad para entrar el terminal y la clavija para sacar la tarjeta SIM. Tuve tanta mala pata que los botones de sonido, silenciar y encender estaban hundidos en la propia carcasa del iPhone, así que volví a llamar para pedir un nuevo cambio.  Esta segunda vez me atendió otra chica, igual o incluso mejor que el primer operador. Me ofreció un nuevo cambio y a la semana tenía otro iPhone reparado. En esa ocasión me di cuenta que Apple jamás te devuelve el mismo iPhone que envías, siempre te envían uno ya reparado o en el caso de ser reincidente te envían uno totalmente nuevo.

A partir de aquí si que me llegaron problemas. Si hacemos un enorme esfuerzo para recordar el iPhone 3GS (nótese la ironía) nos vendrá a la mente ese marco plateado que rodeaba la pantalla. Pues bien, la pantalla me vino hundida por todo el lateral derecho en los siguientes tres iPhones que me llegaron, hasta que un operador decidió enviarme un iPhone completamente nuevo, en su caja original, con su batería y cableado necesario. Por pena mía, aunque fuera nuevo, tenía el mismo problema que sus antecesores. Puede parecer una tontería, pero al cambiar entre pantallas se notaba el roce de una forma exagerada, roce que no notaba ni en el iPhone 3G ni en el primer 3GS. Insisto, si me dejo una pasta considerable en algo, ese “algo” debe estar en perfectas condiciones. En fin, volví a llamar y de nuevo, muy amablemente, procedieron a… 2 cambios más por el mismo problema. La última vez que solicité el reemplazo mi cabreo era monumental, y sabía de sobras que la persona que me atendía al otro lado del teléfono no tenía ninguna culpa, pero era muy lamentable tener que proceder a seis cambios de terminal y que el que te envíen tenga problemas. Resumiendo, la pobre chica me insinuó que el problema lo tenía yo y consiguió un baño gratuito con toda la rabia que arrastraba hasta el momento. Algo debió suceder en esa conversación y alguna nota debió anotar, ya que la séptima sustitución fue un éxito absoluto. Un iPhone 3GS como Dios manda, sin ningún defecto de fábrica, sin ninguna tecla hundida, sin píxeles quemados.

 

Caso iPad

Como un buen fanboy de la marca, a finales de mayo adquirí un iPad 3G de 64 GB. Nada más abrir la caja lo toqué de arriba a bajo, miré huecos y botones y me di cuenta de que la pantalla volvía a estar hundida por la parte inferior derecha del gadget. Al ver que su notoriedad era prácticamente insuficiente, decidí esperar a llamar hasta que, al cabo de un par de meses, se me quemó un píxel del tablet. Nada más darme cuenta, llamé y se me puso al teléfono un operador novato entrenado con la filosofía iPad. Amabilísimo, atento y a todo decía que sí y me daba la razón. El mismo trámite de siempre, UPS recoge y a la semana lo trae. Estaba convencido de que el iPad de reemplazo sería otro ya reparado, y no podía estar más equivocado. A diferencia del iPhone, con el iPad siempre intentan reparar el que tu les envías, convirtiéndose en casi imposible el encontrarte con uno reparado al abrir la caja del terminal sustituyente. Para mayor decepción, comprobé que el iPad seguía con el píxel quemado y la pantalla hundida, así que sin darme cuenta ya tenía el teléfono pegado a mi oreja llamando a Apple. El (nuevamente) amable operador que me contestó, me explicó que los iPhones los sustituyen con un simple píxel quemado, mientras que en el iPad deben haber un mínimo de tres para poder proceder al reemplazo, y se lamentó por lo que me dijo el anterior novato al que a todo decía que sí. Intenté cambiarlo una segunda vez por una pequeña fuga que tiene en la parte superior de la pantalla y volví a decir lo de la hundidura, y el resultado fue encontrarme con mi mismo iPad de nuevo. Desde entonces no he vuelto a intentarlo porqué veo que los que te atienden tan amablemente por teléfono no están en la misma frecuencia que los mal nacidos operarios que deciden si reparar o reemplazar tu terminal.

iPhone 4

Nuevo teléfono, nueva compra. No hay quién me pare. Este caso si que es sorprendente. Un mal día se me cayó el extra duro iPhone 4 al suelo (nótese la ironía) produciendo ralladas considerables en la parte trasera. Mía culpa, no intentar sustituir.

Pasado el tiempo, cortando jamón, dejé el iPhone bajo la apetecible pata, y esta soltó unas cuantas gotas de grasa que iban impactando en la pantalla hasta que memo de mí me di cuenta. Resultado, una pantalla que por mucho que la limpiara se quedaba siempre manchada. Decidí llamar a Apple y aventurarme al cambio. Les pedí un reemplazo rápido ya que a los cinco días me iba de vacaciones y no podía ir a ningún rincón de este mundo sin mi flamante iPhone4, por lo que la amable operadora me sugirió hacerme con el Apple Care Protection Plan por 79€ y acepté. En este caso, la sustitución iba a durar dos días. Apple me envía un terminal nuevo y cuando yo lo recibo, les devuelvo el mío. Para asegurarse de que ejecutarás la devolución te congelan en la cuenta un saldo semejante al valor de un iPhone4 nuevo, cosa que veo totalmente lógica. La chica me hizo las preguntas obligadas para saber si estaba golpeado o mojado y yo respondí con mentiras afirmando que todo estaba correcto. Tenía todas las de perder. Se darían cuenta al momento de los errores del terminal causados por mi y me cobrarían 210€ que suelen cobrar cuando les envías terminales con golpes o defectos causados por ti. La brutal sorpresa fue que no se dieron cuenta de los golpes y problemas en la pantalla gracias a que casi ni se miran el teléfono cuando lo reciben. Resultado, iPhone 4 nuevo después de haber lastimado el “viejo”.

Experiencias a parte, ya soy conocedor de dos personas más que han conseguido reemplazar iPhones con señales de golpes o ralladas en la pantalla y han logrado recibir iPhones reparados como nuevos.

Si tienes alguna necesidad, jamás dudes en llamar a Apple para pedir un reemplazo siempre y cuando cumplas los requisitos de garantía. Recuerda que nunca tienes nada que perder.

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Categorías:Apple, Apple Care

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